IKUSPENAK / VISIONES

MISTIKA ETA POLITIKA EUSKAL HERRIAN

MÍSTICA Y POLÍTICA EN EL PAÍS VASCO

Del 9 de mayo al 3 de junio (ambos inclusive) tendrá lugar la exposición Visiones. Mística y política en el País Vasco en dos espacios en paralelo de la ciudad de Vitoria-Gasteiz.

La Sala Araba (La Paz, 5 – 1ª planta / Centro Dendaraba) acogerá el apartado fotográfico y el desarrollo principal de los contenidos y la Fundación Sancho el Sabio (Portal de Betoño, 23) una amplia selección documental y bibliográfica debidamente contextualizada.

Buena parte de los santuarios marianos del País Vasco conservan todavía hoy leyendas prodigiosas que intentan explicar sus orígenes. En ocasiones, las brumas de la historia han modificado sustancialmente los hechos o han terminado contaminando su propia leyenda con las de otros lugares cercanos de mayor influencia. Independientemente de la veracidad histórica que pueda tener cada uno de estos relatos, lo cierto es que se han transmitido a lo largo de generaciones y han sobrevivido a vicisitudes de toda índole, lo cual nos demuestra que contienen en su germen un sustrato antropológico de gran carga simbólica. La mayor parte de estas leyendas describen el momento en el que un pastorcillo o un inocente aldeano del lugar se topó –de manera accidental, o a través de algún suceso inexplicable o milagroso– con una imagen de la Virgen que parecía llevar siglos aguardando su descubrimiento. Desde ese preciso momento, y en ocasiones bajo la orden explícita de la propia Virgen, el pueblo y las autoridades competentes ponían en marcha los preparativos para financiar la construcción de un templo que albergase la prodigiosa figura. Lo que en un primer momento solía ser una sencilla ermita, si la suerte estaba de su parte y, por ejemplo, la fuente en la que había aparecido la talla resultaba ser milagrosa, terminaba convirtiéndose en un importante santuario que recibía la visita de miles de peregrinos y visitantes ansiosos por conocer y sentir en sus propias carnes los poderes de la imagen.

Bien sea en casos sumamente rurales y de mínima proyección o bien en santuarios de fama internacional, en todos ellos se ponen de manifiesto las conexiones que siempre han vinculado lo divino con lo humano, lo religioso con lo civil, la creencia sincera con el interés espurio. Tanto el sencillo pastor que había encontrado la imagen y a la que dedicaría su alma durante el resto de su vida, como los devotos que llegarían hasta el punto señalado con la esperanza de lograr consuelo y alivio para sus penas, se mueven en un plano totalmente diferente al de las autoridades (bien sean eclesiásticas, civiles o de otra índole) que, al amparo de todo ello, satisfacen sus propios intereses (políticos, económicos, etc.) de formas muy variadas. El equilibro entre ambos planos es altamente complejo y no permite resúmenes rápidos. Los prejuicios y las lecturas simplistas nos pueden conducir por terrenos poco provechosos y, sobre todo, nos impedirían acercarnos a un fenómeno tan fascinante como esquivo, que nos concierne aún hoy en la era de lo digital. En la exposición “Ikuspenak/Visiones” tendremos ocasión de analizar algunos de los casos que afectan al País Vasco, dedicando una especial atención y desarrollo a las extrañas y complejísimas apariciones que tuvieron lugar en Ezkioga.

El 29 de junio de 1931, un día después de celebrarse la primera vuelta de las elecciones generales a Cortes Constituyentes de España, dos niños (Andrés y Antonia Bereciartúa, de siete y once años respectivamente) que vivían en este pequeño municipio  guipuzcoano afirmaron haber visto a la Virgen. Nadie podía imaginar que este episodio inicial daría pie a muchas otras apariciones, experimentadas por docenas de videntes –se habla de doscientos aproximadamente–, hasta el punto de que la localidad alcanzó en torno a un millón de visitas tan sólo durante ese año. Aunque hoy en día ha quedado olvidado y pocos recuerdan ya lo acontecido, la envergadura que adquirió el fenómeno convirtió a Ezkioga en el epicentro de una de las apariciones más masivas del mundo católico hasta el momento. Pero los sucesos de Ezkioga se enmarcan en un contexto mucho más amplio desde un punto de vista político y antropológico. Por poner sólo un ejemplo, a principios del siglo XX, y como se desprende de los Anuarios de la Sociedad de Eusko–Folklore, las creencias en la aparición de los difuntos era algo real y sumamente frecuente. Estos sustratos –epidemias de brujería, creencia en las ánimas retornadas, leyendas de apariciones milagrosas, etc.– nos darán una visión más amplia y nos permitirán comprender con mejores argumentos una realidad daimónica –en palabras de Patrick Harpur– que, a pesar de su insistencia, siempre parece escurrirse entre los dedos cuando intentamos apresarla.