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Descripción:

Las imágenes se retroalimentan, superponen y retuercen. El clisé aflora, el imaginario colectivo nos habla del banquero obeso con sombrero de copa, un puro en la boca, leontinas, frac y una perversidad innata. En el proceso de desarrollo de este personaje encontramos desviaciones varias teniendo en cuenta el periodo histórico y la localización geográfica; la codicia desmedida del judío usurero tan en boga en cierta propaganda antisemita europea de principios del siglo XX, el burgués gordinflón retratado vilmente por las plumas satíricas soviéticas, el señorito caciquil español en las viñetas de Chumy Chumez a finales de los 60, los grandes empresarios norteamericanos lidiando con la gran depresión, etc.

La caricatura estereotipada se erige en muchos casos en instrumento de lucha, apuntando hacia una misma imagen todos los dardos, exagerando todas las peculiaridades a fin de hacerla reconocible para todo el mundo, a fin de hacerla efectiva.

Este foto-ensayo da cuenta en la medida de lo posible del uso y abuso de la iconografía relativa al banquero, la clase opulenta, el padrón, la alta burguesía, el rico en definitiva. Retratado en sus mayores excesos (El gigante), en sus más bajos momentos de forma (Los ricos también mendigan), bajo el prisma de uno de los grandes bloques históricos (El imaginario soviético) o de la sangrante pluma de un gran pintor (El azote de Georg Grosz), bestializado alegóricamente a tenor de su inmoralidad (Bestiario) o ya en sus estertores de muerte (Enterrar al capitalismo) combatida por muchos.

Haciendo uso de la inmejorable oportunidad que nos brinda el enorme e inabarcable archivo que es internet, sumidos ahora en una nueva crisis, maniatados por los mercados y con escasas perspectivas de mejora, resulta interesante a la par que desalentador mirar atrás y comprobar la vigencia absoluta de los diseños de caricaturistas norteamericanos en los años de la gran depresión y el new deal, o de los ilustradores satíricos italianos que desde principios del siglo XX azotaron a los grandes empresarios del momento ante su falta de decoro al lucrarse impunemente con la guerra que por aquel entonces asolaba Europa.

Igualmente, es cierto que a día de hoy el estereotipo bien merece una relectura, un lavado de cara que lo acerque más a la realidad de los mercados transnacionales, de los yuppies de los 80, y los actuales brokers resabidos que nada tienen que ver con el gordo recostado en su montaña de sacos de dinero. Sin embargo, eso tendrá que ser en otro capítulo.

A decir verdad, aún tenemos abyectos personajes en activo, el señor Botín por ejemplo, no lleva sombrero de copa y los puros se los fumara en la intimidad, pero a buen seguro consigue despertar la animadversión encendida de buena parte de la sociedad, manteniendo encendida la llama de las plumas, de la sátira necesaria y combativa, del humor gráfico y la caricatura que nos recuerdan la vigencia de muchos hechos.

Como se suele decir “A todo banquero le llega su San Martín”, ¿o era cerdo?.
Créditos:

Coordinación del ensayo: Ander Gondra Aguirre.

Creación de la página web: Centro de Estudios de la Imagen Sans Soleil